Municipalidad de San Juan de Lurigancho: afrenta pública
En la capital de Perú, existe un distrito llamado "San Juan de Lurigancho".
en la segunda cuadra de la calle Wiracocha, usted puede hallar un testi-
monio patético y evidente de la mugre moral que es el estado peruano
y todas las instituciones que lo conforman: en el número 209, funcio-
na un burdel, con la fachada de "discoteca" . Los niños y escolares
que tienen que transitar por la acera, vénse obligados a mirar a las
prostitutas en la puerta del burdel, luciendosus desnudas piernas.
Hay, en el número 205, un salón de recepciones nocturno. Por las
noches, especialmente los fines de semana, ponen sus equipos de
sonido a todo volumen: son unos amplificadores de sonido gigantez-
cos, y los vecinos no pueden descansar debido al bullicio que estos
equipos producen durante toda la noche. En esa cuadra hay mu-
chos bares nocturnos con karaoke: allí se expende cerveza, y el bulli-
cio que producen sus equipos de sonido es insufrible. También hay
discotecas. Todos estos negocios, congregan a gentes de vida licen-
ciosa, de mal vivir. Los parroquianos, en grupos, toman cerveza in-
clusive en la calza da, con las botellas de cerveza en el piso. Por la ma-
ñana siguiente, aparecen en las aceras, botellas de cerveza rotas.
De tal manera, resulta peligroso transitar por esa arteria por las no-
ches. El ensordecedor ruido procede de ambos lados de la calle, de
los bares ubicados a ambos lados. Es un escándalo enorme. A esto se
agrega que hay puestos de vendedores informales, algunos que ven-
den CDs. de música, y ponen la músi ca a todo volumen, para atraer
la atención del público; esto, al aire libre, en plena vía pública. Los bu-
llicios que producen estos negocios, atentan contra la integridad emo-
cional de los transeúntes y vecinos, dado que el bullicio estressa.
Hay puestos de comida:
Por las mañanas, hay un puesto de jugos de naranja, otro donde se pre-
para y expende ceviche: sí: con su cocina, sus vasijas, mesa, bancas pa-
ra los comensales y sombrilla. Hay otro puesto donde se prepara y ven-
de desayunos. Lavan la vajilla en la vía pública, y las aguas servidas con
restos de comida, son luego arrojadas al pavimento de la calzada. Esto,
además de que despide mal olor, deteriora la capa asfáltica, y se forman
hoyos con charcos de agua y moscas. por las noches, hay otro restauran-
te ambulante en la clazada: se vende por ejemplo, anticuchos y pollo
broaster: estos puestos tienen sus mesas y sillas, o bancas, donde se sien-
tan los parroquianos a servirse sus viandas. Inclusive sus dueños, tienen
ahí junto a las mesas, instalada su cocina, donde se ponen a preparar las
butifarras, anticuchos, hamburguesas y pancitas en sus parrillas y sarte-
nes. Los peatones que transitamos, tenemos que pasar entre los humos
y vapores grasientos de las sartenes, y pisando aguas servidas con res-
tos de desperdicios.
Estos negocios de comida, ocupando la vía pública, en la
calzada. Las aguas servidas, con restos de fideo y de cebolla, son arro-
jados por estos malos comerciantes al pavimento de la vía pública.Al
dar el sol, se secan estas aguas y despiden un mal olor.
A la vuelta, en la cuadra 4 de la calle Tahuantinsuyo, existen dos
bodegas que venden licor. Hay unos orates alcohólicos que son sus
consumidores. Toman el aguardiente ahí en la vía pública, y hasta
se quedan dormidos borrachos en la acera.Cuando tienen la necesidad
de miccionar, se sacan su miembro viril a plena luz del día, y se ori-
nan en la vía pública, en presencia de las señoras o los niños que
obligadamente tienen que transitar por el lugar.
El funcionamiento de todos estos negocios, es contrario a la ley: las
ordenanzas municipales prohiben la instalación de este tipo de nego-
cios bulliciosos en las arterias transversales de la zona (Urb. Zárate).
La Constitución Política del Perú, garantiza para cada ciudadano, la
preservación de su derecho a vivir en un ambiente ecológicamente
sano. Empero, la ley en Perú es letra muerta.
El alcalde, es un tal Carlos Burgos. Este miserable, tiene conocimien-
to de todos estos escándalos y desórdenes en su distrito; este misera-
ble, gana como dieta nueve mil quinientos soles, y algo similar gana
cada uno de sus regidores. Este miserable Carlos Burgos, no hace na-
da por clausurar estos establecimientos, pese a las quejas de los veci-
nos. Y lo que es peor: no existe en Perú, ninguna institución ante la
cual uno pueda quejarse por un mal alcalde. El Ministerio Público no puede
intervenir, porque la ley contempla estos casos como "faltas" y no como
delitos. La Defensoría del Pueblo tampoco puede intervenir, porque el or-
denamiento jurídico no le da potestades de carácter coercitivo.
En cuanto al Poder Judicial: es otro disparate: primero exige que se a-
gote la "vía administrativa": si no lo esconden el expediente, hay que ha-
hacerle un seguimiento por años en la municipalidad, incluidos los "recursos
impugnatorios". Iniciada la demanda en el juzgado, en lo "contencioso-ad-
ministrativo", hay que esperar otros largos años hasta que el magistrado e-
mita sentencia. Más aun: dicha sentencia es apelable. Total, este trámite
dura por lo menos otros ocho años. Pe or aun: vamos a suponer que la reso-
lución judicial final es favorable a los vecinos quejosos: si al alcalde no le
da la gana de cumplirla, no la cumple, y no le pasa nada: por increíble que
parezca, el ordenamiento jurídico, en los hechos, se lo permite.
Observe Ud. detenidamente la sonrisa de este miserable: es emblemática
de la sinvergüencería y de la insensibilidad de todas estas autoridades de
las instituciones públicas de Perú: las censuras le resbalan: es la sonrisa de
la seguridad: este miserable se siente seguro porque sabe que el ordena-
miento jurídico, premeditadamente corrupto como él, lo protege.
Perú es tierra de nadie, y no tenemos dónde quejarnos. La comunidad in-
ternacional debe estar informada de lo que es esta republiqueta de porque-
ría, llamada "Perú": desgobierno y vacío de autoridad, incompetencia; las
calles, son tierra de nadie; la ley y las ordenanzas municipales, están pin-
tadas en el papel.
Las instituciones del estado peruano, son burocráticas, formalistas e i-
neptas. Las autoridades, aspiran al cargo solamente para servirse del mis-
mo y robar. Esta sinvergüencería se refleja en la sonrisa de este miserable.



